miércoles, 16 de octubre de 2013
martes, 24 de enero de 2012
Caudal de vida
Emociones a medida que se acerca, son miles de pájaros batiendo las alas, túneles fractales que se pierden en lo oscuro. Son millares de mariposas naranjas sacudiendo sus alas, polvo y humo rojo que se esparcen sin freno. Son dos halcones liberados que se amparan deprisa bajo la onda de la ola, ya llegó y se marchó, ya se fue y regresó.
Las ramas del gran árbol que se levantan frente al cielo, todo se refugia entre sus miles dedos. Secretos que han quedado del momento del ritual, la presencia dejó de ser ausencia, cada uno habita su lugar habitual. Noche de fuego, estrellas son las huellas de tus pasos.
El caballo de cristal resopla al juntarse con tu abrazo. Brillante espera la vida el despertar, cada hilo de su red descansa junto a otro hilvanado. Ahora estoy perdido en el desierto sin nadie que me vea, cuarenta siglos mas, no puedo distinguirme de la arena.
Las ramas del gran árbol que se levantan frente al cielo, todo se refugia entre sus miles dedos. Secretos que han quedado del momento del ritual, la presencia dejó de ser ausencia, cada uno habita su lugar habitual. Noche de fuego, estrellas son las huellas de tus pasos.
El caballo de cristal resopla al juntarse con tu abrazo. Brillante espera la vida el despertar, cada hilo de su red descansa junto a otro hilvanado. Ahora estoy perdido en el desierto sin nadie que me vea, cuarenta siglos mas, no puedo distinguirme de la arena.
sábado, 31 de julio de 2010
domingo, 6 de diciembre de 2009
Agonía suicida
Soy el hombre que camina ardiendo por paisajes sin luz que quema como combustible el amor que no puede expresar y que apenas entiende.
Soy la composición que queda inacabada cuando el pianista fulminado cae sobre las teclas dejando a esos dedos veloces sin activar nunca más el sonido depurado que se convierte en música.
Soy la horca que rompe el cuello de las palabras hasta que mueren, dejando tras de sí personas allegadas afectadas y sumidas en el más incómodo de los silencios.
Soy la vida que huye de la vitalidad, acogiendo al miedo como huésped, y como comensal soy invitado al festín de mis propios huesos.
Soy la guadaña que siega la alegría de los campos y la mano que esparce sal sobre la tierra para que la tristeza renazca en cada brote.
Tanto dolor me produce tus gritos de silencio, que destierro mis palabras del edén del pensamiento al mundo de necesidades descubiertas y frío existencial, donde cualquier letra acompañada de afecto emula lo real, convirtiendose así en la descripción virtual de la belleza elemental.
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