Autora invitada: Sara
La espesura de arboles caducos, de hojas que temblorosas se precipitaron sobre el suelo y los rayos de sol que consiguen abrirse paso atraves de una capa densa de algon etéreo formaban un ambiente de calma, se podia respirar el aroma de un otoño que con sus ultimas señales pronto dejaría paso al emperador de hielo.
La fría pero a su vez suave brisa despeinaba sutilmente mis cabellos, en ella podía denotarse con semejanza de texturas suaves como finas perlas de lavanda como el frío señor invierno se abría paso delicadamente entre la espesura desmsurada de la naturaleza, cogi su mano y note con las yemas de sus dedos irradiaban una energía que recorría mi brazo y se dispersaba por todo mi cuerpo, bastaba un sólo contacto, una sola línea que separe el cielo de la tierra para hacerla saber que estaba cerca de ella, tan cerca como el sol lo esta de las montañas cuando arriva la noche, tan cerca de ella que no si en este momento durmiera no me haría falta abrir los ojos para saber que este sueño es tan real como que sus delicadas manos suspiran por el calor de mi toque.
El frío que se adentraba lentamente por mis pulmones, dejando su huella bien patente en mi respiración, marcando esta con multiples haces de vaho blanco, blanco como la nieve que caería próximamente con la llegada de la nueva estación, complementaba con firmeza a la delicadeza de esas manos, esas manos que rozaba tenuemente como si todo fuera un espejismo, un espejismo gélido de hielo que a su vez me reconfortaba blandiendome un toque de calidez.
Porque ella era bella como la vida, una ilusion colocada en medio de mi mente de la que apenas puedo describir con palabras y de la que tanto me duele. Noté su presencia más alla de la frialdad que sentía mi piel y giré mi cabeza para comprobar que sus ojos azules, dos perlas de mar, brillantes como la alegría en medio de la desgracia, me miraban con ternura, a lo que yo , un mero mensajero del amor le respondía con una sonrisa, una mueca dinámica en medio de la estática soledad, que me rodeaba silenciosa y cautelosa, como si esta no se atreviese a demostrar su presencia, presencia solitaria y angosta como ella sola, soledad que pocas veces te deja una escapatoria, pero ella estaba allí...me miraba con esos ojos azules que se clavaban en mis pupilas con firmeza, analizando cada milímetro de mi ser, con la precisión y escrupulosa óptica de un microscopio que nos transporta a mundos tan pequeños y diferentes del nuestro.
Tan fuerte es lo que siento por esa aprendiz de angel, que podría empezar a escribirlo hoy con una pluma afilada, y cuando la muerte me sobrevieniese, con toda una vida a mis espaldas, cansado ya de expresarla como la llevo dentro, no habría terminado de definirlo, y necesitaría todo el papel del mundo y todo el tiempo de la eternidad para poder apenas acercarme a este maravilloso sentimiento a su vez extraño, ¿Qué era yo? No más que un simple mensajero de amor que curiosamente no conocía el mismo...¿Era eso lo que yo sentía? Dificil definirlo y aun más dificil saberlo...Solo sé que contemplaba a aquél bello ángel como si fuera la última vista de la vida que tuviera en esos instantes, mis ojos no se apartaban de los suyos, podría decirse que se acariciaban mutuamente entre ellos, como dos rosas en el mismo rosal, casi sin darse cuenta de que el frío pronto las hará caer al suelo para mas tarde desintegrarse en el manto que cubre la tierra, formando parte de la muerte que a todos captura tarde o temprano, se cuenten por millones sus hazañas o apenas sean sus vidas como pisadas en la nieve mientras los copos las cubren, para formar parte en un futuro de este o de otro rosal y ser rosas otra vez, con sus espinas que hacen derramar sangre y con sus petalos que hacen alcanzar un cielo tan suave que la seda a su lado es lija.
Al igual que ocurre en el amor, experiencias dulces...como fina seda que recubre tu piel en las noches de luna llena y experiencias amargas...como la manta que nunca te arropó en los momentos de frío, y la cuerda que te deja caer por el abismo más profundo de la vida sin ni si quiera aferrarte a ella para evitar tu inmensa caida, la muerte avanza a nosotros muy lentamente esperando a que nuestra debilidad se sienta para atacar y hacernos desaparecer de este mundo de inconformismo y de sueños rotos, para perdernos en el más profundo interrogante de todos: la vida que no es vida ya.