domingo, 12 de julio de 2009

"Club"


Dean Aparcó el coche delante de la casa de Flemoo, conservando la esperanza de que se encontrase allí y de paso, que en pago por favores en el pasado pudiese curar la herida que había causado a Sona. Irritado por la mancha de sangre que había dejado Sona en el asiento trasero cerró las puertas con la llave y cruzó através del estrecho camino que separaba la acera de la entrada principal de la casa, aplastando sin querer un par de bichos nocuturnos. Llamó al timbre un par de veces, consiguiendo como única respuesta el silencio, decidió llamar una tercera motivado por la desesperación.

En la parte trasera de la casa había un jardín iluminado tenuemente por las luces de la estancia del piso superior, en la que ajenos a los continuas llamadas que estaba Dean haciendo, Flemoo estaba divirtiendosé con una prostituta. Un fuerte golpe reventó la cerradura de la entrada, Dean recogió a Sona del suelo en el que yacía malerida y la metió dentro de la casa, en búsqueda de material con el que sanar la herida. La tumbó en el sofá y empezó a revolver la casa en busca de vendas, desde luego dejar la casa patas arriba no era la mejor manera de encontrar lo que buscaba, pero en esos momentos estaba bastante nervioso.

Flemoo había terminado, y la prosituta bajaba las escaleras y observó ipasible la escena de salón, al fin y al cabo a ella poco le importaba, tenía que continuar trabajando y no podía perder el tiempo con problemas ajenos. Acto seguido bajó Flemoo al piso de abajo y fué incapaz de hacer valer su autoridad, se limitó a regañadientes a obedecer las instrucciones que Dean le iba marcando, pues había perdido bastante tiempo ya, y tenía que volver a la central para continuar trabajando.

Tras haber curado la herida, Flemoo dejó a Sona durmiendo en el sofá del salón pensando en que si no hubiese tenido el encuentro con la prostituta probablemente se aprovecharía de la mujer que ahora se encontraba en el sofá de su casa.

Sona abrió los ojos, no podía creer que estuviese sola, sentía el dolor de la herida el cual había disminuido notablemente en las últimas horas abrió una de las ventanas del lateral de la casa, y cuidando que no rozase la herida salío de la vivienda. Nunca pensó que las cosas fueran tan fáciles, tampoco pensó que le fuesen a disparar, y tampoco pensó que había gente que en estos instantes la estaban buscando.

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