El sol asoma su rostro por el horizonte, lejos queda el semblente de la noche que apesumbrado rinde tributo al nuevo día. La luz tiñe de amarillo el cielo, formando un tapiz de alegría incomparable, suavizada por el blanco eterno de la luminosidad del día, mis pensamientos son apenas rasgos quebrados sobre la memoria. La vida crece con el sonido de un violín estremecido, crece con los momentos vívidos que atesoro en mi recuerdo. Adoro la luz del nuevo amanecer como adoro cada rasgo de tu rostro dulce. No he podido dormir en tu pecho desnudo, pero me conformo con haber descansado en tus formas sinuosas. Me duele verte arrojándote al póker de la vida, incapaz de que caigas en mi trampa, incapaz de verte morir a mi lado...
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