Porque los sucesos ocurren no como parecen sino como son y eso a veces trastoca nuestros planes y convierte la realidad en la que vivimos en un escenario de insólitas casualidades, abandono los raíles oxidados de la excesiva racionalidad, y le doy un cálido abrazo de bienvenida a la musa intuición. Como un sacacorchos que poco a poco, a base de giros de muñeca logra extraer el tapón de una botella de cava, la intuición arranca de mi efervescentes emociones que salpican todo y a todos de embriagadora alegría. Alegria que asciende y desciende, que se encoje y se estira como un muelle en movimiento serenado por la acción de una gravedad siempre constante. Intuición helicoidal, tu voluntad me retuerce por dentro, remueve mis emociones como elixir, licor y néctar en una coctelera, me convierte en águila de vista certera que persigue a la liebre en carrera hasta entre sus garras tenerla. Salto del trampolín y describo un estilizado tirabuzón durante unos segundos en el limbo, esperando expectante sumirme en la profunda piscina azul, que reposa delante mía.
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