Son siempre los mismos sentimientos, las mismas emociones que me golpean una y otra vez esculpiendo la escultura dramatíca que soy: las formas arrancadas de la roca de marmol se estrellan en el suelo despedazandose en minúsculas piedras rotas. Contemplo mi vacío como el cisne triste que mira su reflejo en el lago, solo es el reflejo de un ave bella en la superficie del agua, solo es la tristeza del que siente que no puede abarcar la nada. Contemplo mis nuevas formas como un niño contempla sus juguetes nuevos, deseoso de entrar con ellos en mundos mágicos nunca antes visitados. En este ir y venir, en este diálogo a gritos entre el vacío y la potencia, retumban los tambores del cambio en mi cabeza como los gritos retumban en las montañas. El miedo, mi confuso compañero se hace presente como siempre, aguanto estoicamente sus chistes malos hasta que decide irse, momento de claridad sin duda, en el que me convierto en la delicada y eterea visión de la anónima obra de arte que nunca para de expandirse.
Como ya te dije eres el escritor de los sentimientos y de las emociones, las expresas muy muy bien ...
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