domingo, 11 de octubre de 2009

La lágrima en la mañana

Una especie de especia que adereza lo insípido, un expansivo perfume de lavanda y sándalo, el reflejo masivo de una luz distante en un suelo brillante es la alegría en un rostro desconsolado. Descubre tesoros de oro y diamante, de alhajas de siglos pasados, quizás el regalo de un pobre enamorado que empeñó su vida pensando que haría feliz al ser amado, ingenuo al pensar que unas joyas pudieran comprar lo que la voluntad trama en el tapiz florido de la mente de una dama.
Has aparecido y has convertido la sonrisa pesada de un niño solitario en el canto agudo de mil sirenas, con tu ternura detendrías el giro del planeta, tu dulzura hundiría armadas de barcos cargadas de violencia. Eres el viento del mundo que viaja por todos sitios y no pertenece a ninguna parte. Eres la esencia de un roble que crece de la tierra desnuda, fuerte y vigoroso, que superará el paso del tiempo y se adentrará en la eternidad como el mar avanza por las bahías y la tierra se desliza sobre el mar con cabos rocosos que ansían esperanzados el horizonte encontrar. Porque eres la clave que hace del plomo oro y del oro amor, y conviertes mis latidos de meros compases a golpes bruscos en la quietud de mi pecho, quiero ser aprendiz de la magia de tus sentimientos.

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