Pasos cerrados y un murmullo estrepitoso, manadas de gente fluyen como hormigas de un hormiguero, la vida se acelera en una caída libre sin aterrizaje. Perdido en la muchedumbre me siento pequeño, apenas un ladrillo minúsculo de la gran muralla que separa la vida de la nada. Encuentro mi sitio pero pienso que aprisiona acomodarse en una misma celda por mucho tiempo, quiero quebrar el límite que me merma, tanto que hasta podría entrar por el ojo de una aguja. Estoy subiendo al cielo de tu mano y todo aquí arriba es frío y azul como el agua que baja de la montaña, la serenidad de las nubes me abriga y el sol me da la bienvenida con su luz. Lejos del bullicio ensordecedor de la masa escucho voces de fantasmas que vivieron en el pasado, y que hoy solo son aullidos bajo tela pidiendo atención desconsoladamente. Veo el horizonte tan lejano y solitario que me encantaría alcanzarlo con los dedos, pero solamente soy un hombre, y los hombres jamás podran cruzarlo.
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